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Empieza a tomar decisiones

"El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide." Henry F Amiel

Toma de decisiones

La toma de decisiones consiste, básicamente, en elegir una opción entre dos o más disponibles, para resolver un problema o una situación existente o futura. Es uno de los procesos más difíciles a los que se enfrenta el ser humano. Elegir implica a su vez una renuncia y conlleva la posibilidad del error, que es lo suele llevarnos a la indecisión. Aún así, lo que no se puede es no tomar decisiones. Si decidimos no hacerlo, ya estamos tomando una decisión (la de no hacer nada), pero en este caso no tendríamos el control y dejaríamos el futuro en manos del azar.

Continuamente estamos tomando decisiones, me levanto o me quedo 5 minutos más en la cama, desayuno galletas o magdalenas, me pongo esta ropa o la otra, … En su mayoría son decisiones que tenemos “programadas”, por hacerlas a diario, y no conllevan ningún esfuerzo por nuestra parte. Pero a lo largo de nuestra vida nos encontramos con otras muchas que no son aparentemente fáciles. Aprender a tomar decisiones es tomar conciencia de por qué escogemos entre un camino u otro, es entender las decisiones de los demás, es saber elegir según nuestros valores y asumir las responsabilidades de nuestros actos. En definitiva, aprender a tomar decisiones es tomar el control de nuestra vida.

Tomar decisiones no es fácil. Por lo menos tomar buenas decisiones. Normalmente hay que tener en cuenta infinidad de detalles para poder tomar una buena decisión. Y, claro está, nunca se dispone de todos ellos, ni del tiempo que nos gustaría, ni tampoco podemos controlar cómo afectará a los demás las decisiones que tomemos.

Lo primero que tienes que tener en cuenta es que una buena decisión no es lo mismo que una decisión buena. La primera se refiere al proceso de decidir, mientras que la segunda al resultado de la decisión. Buenas decisiones pueden llevar a decisiones malas (resultados malos) y malas decisiones a decisiones buenas (resultados buenos).

También debes tener en cuenta que una buena decisión tampoco es sinónimo de agradar a todo el mundo. No te decimos lo contrario, que una buena decisión tenga que agradar a unos y enfadar a otros, aunque al final suele ser lo que pasa cuando tu decisión afecta a un grupo de personas.

Las decisiones deben ser consecuencia de un buen análisis de la situación y de fijar el objetivo que queramos conseguir. Hay que recabar todos los datos que podamos y analizar las principales posibles consecuencias de las diferentes opciones que podamos elegir. En general no hay una decisión perfecta. No se trata de un examen tipo test, sino que todo dependerá de la información y el tiempo que tengamos, y de lo que queramos alcanzar con ella.

Cada persona toma la decisión en un momento dado y con una cierta información. Dos personas pueden tomar decisiones diferentes frente al mismo problema, siendo ambas buenas decisiones. Y tu mismo seguramente tomarás dos decisiones diferentes en dos momentos distintas para el mismo problema.

Si eres capaz de aprender a llevar un buen proceso para la toma de tus decisiones, nunca te equivocarás. Al menos tendrás y podrás defender tu razón frente a los demás y frente a ti mismo. Puede que los resultados no sean los esperados, pero siempre sabrás por qué tomaste esa decisión y que buscabas conseguir, por lo que si el resultado no es el esperado podrás volver a analizar el problema y ajustar el proceso para el futuro. Pero siempre tendrás una razón que defender.

La vida no es más que la culminación de los caminos que eliges, de las decisiones que tomas, por lo que la toma de decisiones es una habilidad indispensable. Si eres capaz de aprender cómo tomar buenas decisiones, a tiempo y sopesadas, serás capaz de encontrar el camino del éxito sea cual sea la actividad que realices y sea cual sea tu significado de éxito.

La responsabilidad es una consecuencia implícita en la elección que hagas. Tus actos y decisiones tienen consecuencias, directa o indirectamente sobre ti y sobre los demás. Tan importante como saber tomar decisiones es asumir las consecuencias. Si la decisión la tomas de una manera lógica, analizada y pensada, siempre estarás seguro de que era la mejor decisión que podías tomar en ese momento.

Un enfoque del proceso

Como te hemos dicho, decidir no es fácil, implica una renuncia y la posibilidad de equivocarnos. Seguir un proceso nos ayudará a organizarnos, a tener en cuenta todos los factores importantes y a minimizar los riesgos. Además, seguir una rutina te llevará a mejorar día a día en esta habilidad.

Podemos definir seis pasos para tomar una buena y efectiva decisión:

  • Definir/Identificar/aclarar la decisión a tomar. Lo primero que debemos tener claro, como para casi todo lo que hacemos, es el objetivo de tomar la decisión, ¿qué queremos conseguir?, ¿por qué?, ¿para qué?, ¿qué necesidad hay?, ¿qué información tengo?, ¿cuánto tiempo?, ¿a quién afecta?, ¿con quién puedo contar?, etc.
  • Análisis del problema. Debes analizar con el mayor detalle posible el problema, teniendo en cuenta toda la información, las circunstancias, el tiempo, a qué y a quién afecta (a tus estudios, a tu vida, a tu carrera, a tu ocio, a tu dinero, a tu familia, a tus amigos, etc.),.
  • Generar alternativas. Intenta encontrar todas las opciones posibles. Usa tu imaginación y creatividad para ello. Cuántas más encuentres, por muy alocadas que te parezcan, más pensarás en la decisión que tienes que tomar y más clara irás viendo la respuesta correcta.
  • Análisis de las alternativas. Piensa sobre cada una de las opciones que hayas encontrado en el paso anterior, qué conseguirás exactamente con cada una, qué perderás, a quién afecta, cómo le afecta, si son éticas, fáciles o difíciles de llevar a cabo, qué riesgos tiene,... Este es un factor muy importante y que te ayudará bastante a elegir entre una u otra opción. Cuánto más amplíes el campo de consecuencias más fácil te será. No te asustes, con la práctica y la experiencia se te hará mucho más fácil y rápido contestar todas estas preguntas.
  • Tomar la decisión. Elige la alternativa que te parezca la mejor solución al problema o la circunstancia. Recuerda que no hay decisiones correctas ni incorrectas, sólo mejores o no tan buenas. Ten en cuenta que, llegado a este punto, la decisión ya está tomada. Según has ido analizándolo todo, las respuestas suelen apuntar en la decisión final. No tengas miedo, es la mejor opción que tienes.
  • Revisar los resultados. Échale un ojo a los resultados de la decisión que tomaste. ¿Eran como los habías pensado?, ¿qué factores no tuviste en cuenta?, ¿lo harás igual la próxima vez? Lo importante es aprender de los propios errores y adquirir experiencia para la próxima vez que tengas que tomar una decisión similar. Al principio te costará asumir los fallos que cometiste, pero la práctica hace al maestro.

Por último, asume las consecuencias de tu decisión. Si la has tomado tras realizar estos pasos, seguro que podrás defender (principalmente a ti mismo) por qué hiciste lo que hiciste, qué razones te llevaron a tomar ese camino y no otro, aunque las consecuencias no fueran las que deseabas

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